Como en casa, casi en cualquier parte

Probamos la Kawasaki KLE 500 2026 a través de Oregón, desde el asfalto de las Cascades hasta las huellas que empiezan a desaparecer durante el Giant Loop Ride.

Oregón es un muy buen lugar para descubrir de qué está hecha realmente una moto adventure. Nuestra experiencia con la Kawasaki KLE 500 2026 comenzó en Sublimity, con dos motos prácticamente nuevas, una versión Standard y una SE, y una ruta que nos llevaría a cruzar las Cascades, recorrer largos tramos de asfalto y caminos de montaña y, finalmente, meternos en las pistas de ripio del Giant Loop Ride. Lo que empezó como un viaje tranquilo por el centro de Oregón fue cambiando poco a poco a medida que el terreno se volvía más exigente, hasta llegar a sectores donde algunas huellas apenas podían seguir llamándose caminos.

Era exactamente el tipo de terreno que permite que una moto muestre realmente de qué es capaz. La KLE 500 llega en un momento interesante para el segmento adventure de media cilindrada. Cada vez más motociclistas buscan motos capaces de viajar en serio y meterse en tierra de verdad, sin convertir cada maniobra en parado o cada tramo técnico en una lucha. La respuesta de Kawasaki recupera un nombre conocido y lo lleva ahora a una plataforma bicilíndrica en paralelo de 451 cc, pensada para mantener las cosas accesibles.

La ficha técnica puede explicar qué buscaba Kawasaki. Varios días recorriendo Oregón nos permitieron descubrir cómo se siente realmente convivir con la KLE 500. Y cuando llegó el momento de devolver las llaves en Sublimity, ya habíamos aprendido bastante sobre los lugares donde esta moto se siente como en casa.

Familiar desde el primer kilómetro

Hay motos que necesitan algunos kilómetros para empezar a entenderlas. La Kawasaki KLE 500 no fue una de ellas. Hacía tiempo que teníamos ganas de probarla. El regreso del nombre KLE, la historia de Kawasaki detrás de este modelo y el creciente interés por el segmento adventure de media cilindrada habían generado bastante expectativa. En Power Motorsports, en Sublimity, Oregón, nos esperaban dos KLE 500 prácticamente nuevas: una versión Standard con apenas una milla en el odómetro y una SE con menos de cien. Viajaríamos con ambas durante todo el recorrido.

La KLE tiene una imagen con carácter sin resultar voluminosa. El diseño de los faros delanteros le da una personalidad muy particular, el conjunto se mantiene relativamente angosto y nada parece innecesariamente grande. Da la sensación de ser una moto que sabe perfectamente para qué fue creada, sin necesidad de exagerarlo.

Esa misma sencillez apareció apenas nos subimos. Todo estaba donde esperábamos encontrarlo. Los controles resultaron intuitivos, las manetas de freno y embrague son regulables y la posición de manejo se sintió natural desde el primer momento. Con mis 176 cm, normalmente prefiero instalar elevadores de manillar en mis motos adventure, sobre todo para pasar largos períodos conduciendo de pie. En la KLE nunca sentí que fueran necesarios.

El asiento se angosta hacia el tanque, dejando buen espacio para moverse cuando conducimos sobre los pedalines, pero conserva suficiente mullido para pasar muchas horas sentado. Incluso con el equipaje cargado detrás nuestro, los espejos mantuvieron una buena visión. Quizás lo más sorprendente fue la rapidez con la que la moto pareció desaparecer debajo nuestro. Los cambios de dirección surgían con facilidad y, una vez en movimiento, la KLE nunca se sentía pesada ni torpe, incluso completamente cargada. A los pocos kilómetros ya habíamos dejado de pensar en adaptarnos a la moto. Simplemente estábamos andando.

Kawasaki KLE 500 Big trails motorcycle review
Kawasaki KLE 500 Big trails motorcycle review

Cruzando las Cascades

Los primeros dos días transcurrieron casi por completo sobre asfalto. Dejamos Sublimity atrás, cruzamos las Cascades rumbo a Bend y luego continuamos hacia el sudeste hasta Crystal Crane Hot Springs, combinando algunos tramos cortos de autopista con muchos kilómetros de caminos de montaña. Era una muy buena oportunidad para entender cómo se comportaba la KLE 500 como moto de viaje.

Su bicilíndrico en paralelo de 451 cc no busca impresionar por fuerza bruta. La entrega de potencia es suave y predecible, con suficiente resto para mantener una velocidad de crucero cómoda y resolver un sobrepaso cuando hace falta. En los sectores de montaña, segunda y tercera se convirtieron rápidamente en nuestras marchas habituales, mientras que la caja de seis velocidades y el embrague liviano funcionaban con tanta naturalidad que prácticamente dejábamos de pensar en ellos. A veces, los mejores controles son justamente los que desaparecen de la conversación.

En las curvas más cerradas, la KLE cambiaba de dirección con muy poco esfuerzo y el tren delantero transmitía una buena sensación de agarre. Alguna que otra vez entramos un poco más rápido de lo previsto, pero los frenos siempre respondieron con buen tacto y la confianza necesaria para corregir sin sobresaltos. Adelante trabaja un disco de 300 mm con cáliper de doble pistón, acompañado por un disco trasero de 230 mm y un sistema ABS Nissin compacto.

Las horas acumuladas sobre la moto también empezaron a mostrar las diferencias prácticas entre ambas versiones. El parabrisas más bajo de la KLE Standard dejaba pasar bastante más aire hacia el piloto, algo que empezaba a sentirse después de varias horas de ruta. En las mañanas frías de Oregón, la ausencia de cubrepuños también se hacía evidente. Ir alternando entre las dos motos nos hizo valorar cada vez más el parabrisas más alto y los cubrepuños de la SE, especialmente cuando se acumulaban los kilómetros y bajaba la temperatura. Cuando llegamos a Crystal Crane, la KLE ya había demostrado ser cómoda, predecible y muy fácil de llevar durante muchas horas. Pero el asfalto estaba por terminarse.

Cuando se termina el asfalto

Crystal Crane Hot Springs marcó el punto en el que el viaje empezó a cambiar de carácter. Desde allí, siguiendo los tracks del Giant Loop Ride, el asfalto comenzó a dar paso a los caminos que estábamos esperando. Los primeros kilómetros de ripio nos devolvieron la misma sensación que habíamos encontrado sobre el asfalto: familiaridad. Manejar de pie sobre los pedalines se sentía natural, era fácil ubicar la moto donde queríamos y la respuesta del acelerador tenía esa progresividad que uno agradece cuando el piso empieza a moverse debajo de las ruedas.

Abrir gas a la salida de una curva sobre terreno suelto alcanzaba para dibujar una sonrisa dentro del casco sin que la moto llegara a intimidar. El bicilíndrico de 451 cc no pretende convertir cada camino forestal en un tramo de rally, pero entrega toda la potencia utilizable que necesitábamos para divertirnos sin perder el control.

A medida que el terreno empezó a romperse, las suspensiones comenzaron a mostrar de qué estaban hechas. Adelante, la KLE equipa una horquilla invertida KYB de cartucho, de 43 mm, con 210 mm de recorrido, acompañada atrás por un sistema New Uni-Trak con 200 mm. Sobre el ripio roto de Oregón, serruchos, pozos y huellas cada vez más irregulares, esos recorridos se traducían en una moto que mantenía la compostura y rara vez nos obligaba a bajar el ritmo por lo que estaba sucediendo debajo nuestro.

La configuración de ruedas de rayos 21/17 también empezó a cobrar sentido cuando el terreno se volvió más suelto. El tren delantero seguía la trayectoria con naturalidad y, aun con el equipaje cargado detrás, corregir una línea o cambiar rápidamente de huella requería poco esfuerzo. El ABS puede desconectarse desde el comando izquierdo para circular sobre superficies sueltas, uno de esos pequeños detalles que empiezan a importar cuando el camino deja de comportarse como un camino. Pero lo que más nos sorprendía era lo poco que la KLE exigía de quien iba arriba. Después, las huellas empezaron a hacerse más angostas. Y finalmente, comenzaron a desaparecer.

Cuando la huella empieza a desaparecer

Cuanto más seguíamos el track, menos se parecía a un camino. El ripio fue dando paso a huellas profundas, piedra suelta, bajadas más pronunciadas y sectores donde elegir bien la línea empezaba a ser cada vez más importante. Aun así, la KLE seguía sintiéndose sorprendentemente cómoda en ese terreno. De pie sobre los pedalines, era fácil moverla debajo nuestro, cambiar rápidamente de huella y encontrar en el acelerador la respuesta necesaria para corregir un error o mantener el envión en un sector complicado.

Segunda y tercera habían resuelto gran parte de los caminos más trabados, pero acá empezaron a aparecer lugares donde la primera era la única opción lógica. El embrague seguía siendo liviano y predecible, y el motor respondía con limpieza a baja velocidad. Lo que nos sorprendió fue que las suspensiones nunca llegaron a ser la preocupación. Incluso cuando el terreno se volvió más áspero, con subidas abruptas y bajadas cargadas de piedra, nunca sentimos que estuviéramos cerca de agotar el recorrido disponible. La limitación apareció en otro lado.

El despeje al suelo. A medida que las huellas se hacían más profundas y las piedras más grandes, el cubrecárter empezó a recibir golpes. Finalmente, mirando hacia adelante y viendo que las condiciones seguían empeorando, tomamos la decisión lógica de dar la vuelta. Eso significaba subir nuevamente todo lo que acabábamos de bajar.

 

Había una subida en particular que ya le había dado bastante trabajo al cubrecárter durante el descenso. Las huellas se habían convertido en surcos profundos llenos de piedras sueltas y, parado abajo mirando hacia arriba, mi primer pensamiento fue bastante simple: acá se nos puede complicar. La KLE, aparentemente, pensaba otra cosa: “Tranquilo, Mike. Yo me ocupo.”

Las dos motos subieron mucho más fácil de lo que imaginaba. El conjunto se mantuvo controlable, el acelerador nos dio exactamente lo que necesitábamos y las KLE fueron encontrando su camino entre las piedras sin demasiado drama. Ese momento probablemente nos dijo más sobre la KLE 500 que cualquier ficha técnica.

Su capacidad off-road nos había llevado hasta un terreno donde la moto todavía se sentía segura y controlable, pero el espacio disponible debajo del motor empezaba a decidir hasta dónde convenía seguir. Un poco más de despeje al suelo abriría nuevas posibilidades, porque el resto del conjunto claramente todavía tenía margen para continuar. Dimos la vuelta sabiendo que habíamos llevado la KLE bastante más allá de los caminos de ripio fáciles donde probablemente pase buena parte de su vida. Y nos había sorprendido durante todo el camino.

De regreso a Sublimity

Para cuando pusimos rumbo nuevamente hacia Sublimity, ya quedaba poco por descubrir de las KLE. Durante los días anteriores nos habían llevado por asfalto, caminos de montaña, ripio rápido, huellas rotas y terrenos lo suficientemente complicados como para hacernos replantear hasta dónde seguir. Y en todos esos escenarios se repetía una misma sensación: la KLE era una moto fácil de entender.

La posición de manejo funcionaba bien tanto sentado como de pie, el motor entregaba la potencia de una manera amable y utilizable, y el conjunto seguía sintiéndose ágil incluso con el equipaje cargado detrás. Sobre ripio era divertida, y cuando el terreno se complicaba mantenía una respuesta tranquila y controlable. Eso convierte a la KLE 500 en una moto especialmente interesante para quienes están entrando al mundo adventure, aunque su atractivo no termina ahí. Un piloto con experiencia también va a encontrar mucho para disfrutar, sobre todo si valora una moto fácil de llevar y que no obliga a pelearse con ella cada vez que se termina el asfalto.

Si hay algo que le pediríamos a Kawasaki que revise, es el despeje al suelo. Nuestro viaje dejó claro que chasis, suspensiones y motor todavía tenían ganas de seguir cuando el cubrecárter ya empezaba a recordarnos lo cerca que estaban las piedras. Un poco más de espacio debajo permitiría aprovechar mejor unas capacidades que la moto claramente ya tiene.

Finalmente regresamos a Power Motorsports, en Sublimity, y estacionamos las dos KLE prácticamente en el mismo lugar donde había comenzado el viaje. Unos días antes, una de ellas tenía apenas una milla en el odómetro. Ahora las dos llevaban polvo de Oregón, algunas historias encima y muchos más kilómetros recorridos. Devolver las llaves costó más de lo esperado. Quizás ese haya sido el mejor elogio que podíamos hacerles.

Fotos: BTA Media - Escrito por: Mike de la Torre

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