BMW F 450 GS Review

Jugando dentro del Gigante de Hierro

La llegada de la nueva BMW F 450 GS despertó nuestra curiosidad desde el primer momento. Un nuevo motor bicilíndrico de 420 cc y 48 hp, un completo paquete electrónico, suspensiones preparadas para salir del asfalto y esas dos letras tan conocidas en el tanque eran suficientes para generar expectativas. Sobre el papel, BMW tenía todos los ingredientes para meterse de lleno en un segmento del mundo Adventure que viene ganando cada vez más protagonismo.

Pero la ficha técnica era apenas el comienzo. A nosotros nos interesaba descubrir qué pasaba cuando todos esos números quedaban escondidos detrás del visor: varias horas de autopista, equipaje cargado, rutas mojadas, largos ratos de pie sobre los pedalines, ripio suelto, piedras, algún error de conducción y esos momentos en los que uno deja de pensar en la moto que lleva debajo y simplemente se dedica a manejar.

Austria nos dio el escenario perfecto para averiguarlo. Durante los días del 30º Red Bull Erzbergrodeo, la F 450 GS tendría que viajar, mojarse, ensuciarse, cargar nuestro equipaje y, finalmente, meterse en los caminos de piedra del famoso Gigante de Hierro. Llegamos con unas cuantas preguntas. Erzberg se encargó de responderlas.

Primer contacto: de Garching a Austria

Después de meses esperando, leyendo comunicados, mirando fotos y preguntándonos cómo se sentiría realmente la nueva GS de media cilindrada de BMW, finalmente llegó nuestro turno. Viajábamos rumbo a Austria para cubrir la 30ª edición del Red Bull Erzbergrodeo y, esperándonos en las instalaciones de prensa de BMW en Garching, en las afueras de Múnich, había un par de F 450 GS Trophy listas para emprender viaje hacia el sur.

A simple vista, la F 450 GS se ve compacta, angosta y nada intimidante. Pero basta pasar una pierna sobre el asiento para descubrir un puesto de conducción sorprendentemente amplio. La posición se siente natural casi de inmediato, con espacio suficiente para acomodar piernas, brazos y cuerpo sin tener que andar buscando dónde ubicarse. Esa primera sensación era importante: teníamos unos 350 km por delante hasta Eisenerz.

Antes de salir acomodamos nuestras alforjas blandas Giant Loop sobre el portaequipaje trasero. Todo quedó firme, bien sujeto y, una vez en marcha, prácticamente nos olvidamos de que estaban ahí. Exactamente lo que uno espera del equipaje cuando empieza el viaje. Después vino el ritual de siempre: guantes puestos, visor abajo, contacto y primera.

Por delante nos esperaban varias horas de Autobahn, rutas secundarias, paradas para cargar combustible y, finalmente, las montañas de Austria. Más allá estaba el Gigante de Hierro y los caminos de piedra dentro de Erzberg. Pero por ahora, la F 450 GS tenía una tarea bastante más sencilla. Tenía que llevarnos hasta allí.

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El camino hacia Eisenerz

Salir de Múnich significaba pasar buena parte de las primeras horas sobre la Autobahn, y terminó siendo una excelente manera de empezar a conocer a la F 450 GS. Esperábamos una mañana bastante más fría, pero el clima estuvo de nuestro lado. El pequeño parabrisas, acompañado por los cubrepuños, ofrecía una protección sorprendentemente buena sin cargar demasiado la parte frontal de la moto. Más adelante descubriríamos que ese conjunto compacto tampoco molestaba en absoluto cuando llegaba el momento de meternos en tierra.

A velocidad de crucero, el bicilíndrico paralelo de 420 cc se sentía suave y relajado. Sus 48 hp y 43 Nm de torque mantenían el ritmo de autopista sin esfuerzo aparente y, cuando llegaba el momento de hacer un sobrepaso, bastaba girar un poco el puño derecho para sentir una respuesta inmediata, incluso circulando en marchas altas. BMW utiliza un desfase de 135 grados en el cigüeñal junto con un eje de balanceo para mantener bajo control las vibraciones del motor. Y eso se percibe después de varias horas de ruta, especialmente en dos lugares donde cualquier vibración termina llegando directo al piloto: el manillar y las estriberas.

El asiento también merece su reconocimiento. Nunca llegamos a ese momento tan conocido en el que una parada para tomar un café tiene bastante menos que ver con la cafeína y mucho más con darle un descanso al trasero. El mullido resultó muy cómodo durante los tramos de asfalto, mientras que su parte delantera más angosta cobraría sentido después, cuando empezáramos a pasar más tiempo de pie sobre las estriberas. Durante esos primeros kilómetros también fuimos familiarizándonos con los comandos, los menús y los distintos modos de conducción. Para cuando dejamos atrás la Autobahn y entramos en rutas más pequeñas, todo empezaba a sentirse bastante natural.

Parada para combustible, algo para tomar, estirar un poco las piernas y nuevamente a la ruta. En algún momento durante esos 350 km, la F 450 GS dejó de sentirse como una moto que acabábamos de retirar esa misma mañana. Y casi sin darnos cuenta de lo rápido que habían pasado las horas, Eisenerz apareció frente a nosotros.

Dentro del Gigante de Hierro

Llegar a Eisenerz cambió el ánimo del viaje casi de inmediato. Los kilómetros de autopista habían quedado atrás y frente a nosotros aparecía Erzberg, la enorme mina de hierro a cielo abierto que recibía la 30ª edición del Red Bull Erzbergrodeo. Era justamente ahí donde queríamos descubrir de qué era capaz la F 450 GS.

La mañana del viernes llegó con bastante lluvia, suficiente para dejar los caminos internos mojados y llenos de charcos. Aun así, el terreno se mantenía sorprendentemente firme. Gran parte de esas rutas están construidas con roca extraída directamente de la mina, así que debajo del agua y el barro siempre había una base sólida. Naturalmente, los charcos empezaron a parecer invitaciones. En lugar de esquivarlos con cuidado, comenzamos a pasarlos cada vez con un poco más de velocidad. En parte por las fotos y en parte porque, bueno... alguien tenía que ver qué pasaba.

La rueda delantera abría el agua hacia los costados con bastante limpieza, mientras que la protección inferior del motor ayudaba a evitar que buena parte de esa agua terminara directamente sobre nuestras botas. La verdad es que esperábamos salir bastante más embarrados de lo que terminamos. Para ese momento, manejar las funciones de la moto ya se sentía natural. Cambiar los modos de conducción o ajustar el ABS requería muy poca atención, así que podíamos concentrarnos en lo realmente importante: el terreno que teníamos por delante.

De pie sobre las estriberas, la sensación era igual de cómoda. La parte delantera angosta del asiento y el cockpit compacto dejaban espacio suficiente para mover el cuerpo con libertad. La F 450 GS ya nos había llevado cómodamente hasta Austria. Ahora era momento de ensuciarla.

Flo nos abrió el parque de diversiones

En algún momento de nuestros días dentro de Erzberg, nuestro guía Flo decidió alejarnos de las zonas normalmente accesibles durante el evento y llevarnos un poco más profundo dentro de la mina. El camino terminó desembocando en una enorme explanada completamente aislada, rodeada por gigantescos bloques de roca extraídos directamente del corazón del Gigante de Hierro. Había sectores de terreno compacto, otros cubiertos de ripio suelto, algunas pequeñas ondulaciones, desniveles y espacio suficiente como para empezar a tener malas ideas. No había nadie alrededor. Ese probablemente fue el problema.

Lo que había comenzado como una locación para hacer fotos se convirtió rápidamente en nuestro parque de diversiones privado. Fue ahí donde dejamos de analizar la F 450 GS y simplemente empezamos a disfrutarla. El bicilíndrico de 420 cc respondía de inmediato en marchas bajas, haciendo muy sencillo soltar la rueda trasera y mantener la moto cruzada sobre el ripio. Con la electrónica configurada para tierra y el ABS trasero fuera de juego, frenar entrando a una curva, dejar deslizar la rueda y volver al acelerador se sentía completamente natural.

Nuestra Trophy llevaba neumáticos Metzeler Karoo 4, que nos transmitieron mucha confianza sobre terreno suelto y ya habían demostrado durante el viaje hasta Austria que podían rodar por autopista sin llenar el casco de ruido. Después empezamos a encontrar pequeños saltos. Desde afuera seguramente parecían inocentes. Desde el manillar, por supuesto, se sentían enormes.

Las suspensiones KYB ofrecen 180 mm de recorrido en ambos ejes, acompañadas atrás por el sistema WAD de amortiguación dependiente del recorrido de BMW. Piedras, pozos, compresiones rápidas y saltos cada vez hechos con un poco más de entusiasmo fueron apareciendo uno detrás de otro, pero nunca conseguimos llevar las suspensiones al tope. En los sectores rotos la historia seguía igual. El despeje al suelo nos permitió atravesar las piedras grandes sin escuchar esos ruidos que nadie quiere escuchar debajo de una moto, mientras que sus 178 kg en orden de marcha nunca ocuparon espacio en nuestra cabeza.

Así que seguimos jugando. Un poco de acelerador alcanzaba para levantar la rueda delantera y superar algún obstáculo. Y, de vez en cuando, también para levantarla sin ninguna necesidad en absoluto. Los derrapes empezaron a durar cada vez un poco más y después llegaron algunas donas, porque aparentemente el periodismo serio de motocicletas también requiere este tipo de investigación. En algún momento, entre el ripio volando detrás de la moto y nuestros gritos dentro del casco, nos dimos cuenta de que habíamos dejado de probar la F 450 GS. Simplemente nos estábamos divirtiendo.

Por qué esta 450 funciona

Para cuando dejamos atrás aquel parque de diversiones de ripio, la F 450 GS ya había respondido buena parte de las preguntas con las que habíamos llegado. De repente, sus 48 hp tenían todo el sentido. En tierra, la entrega de potencia se sentía predecible, amigable y fácil de disfrutar. Podíamos abrir el acelerador, dejar que la rueda trasera se moviera, levantar la delantera, corregir una línea y seguir explorando sin sentir que la moto exigía precisión absoluta en cada movimiento. Y eso importa.

La F 450 GS nos invitaba a probar cosas, cometer pequeños errores, corregirlos y seguir adelante. Su tamaño manejable y su carácter accesible hacían que todo se sintiera menos intimidante, sin quitarle diversión a la experiencia. Los pilotos con experiencia van a encontrar mucho espacio para jugar, mientras que quienes estén dando sus primeros pasos serios dentro del mundo Adventure pueden crecer sobre la moto sin sentirse superados por ella.

Y tal vez ahí esté uno de los puntos más interesantes de esta nueva generación de motos Adventure de media cilindrada. Unos 50 hp alcanzan perfectamente para viajar, llevar equipaje, mantener buenos ritmos en ruta y seguir teniendo mucho para disfrutar cuando se termina el asfalto. Igual de importante, la entrega de potencia se siente controlable y transmite confianza, permitiéndonos explorar las capacidades de la moto sin que en ningún momento llegue a intimidar. Después de unos días sobre la F 450 GS, ya no estábamos pensando en números. Estábamos pensando en qué otro lugar podríamos llevarla.

El regreso

En algún momento Erzberg empezó a desaparecer en los espejos y la ruta volvió a apuntar hacia Múnich. Esa es siempre la parte de la que nadie tiene demasiadas ganas de hablar. Acomodamos otra vez el equipaje, los kilómetros comenzaron a acumularse y, en algún punto del camino, apareció esa sensación inevitable de que esta pequeña aventura estaba llegando a su fin. Dentro de poco volveríamos a Garching, entregaríamos las llaves y nos despediríamos de una moto que apenas empezábamos a conocer de verdad. Y probablemente esa fuera la señal más clara de cuánto la habíamos disfrutado.

La F 450 GS nos había llevado por autopistas, rutas secundarias, lluvia, piedras, charcos, pequeños saltos y unas cuantas decisiones bastante discutibles dentro de Erzberg. Y todavía queríamos seguir manejándola. Hubo una idea que nos acompañó durante todo el regreso: después de descubrir de qué es capaz esta plataforma en tierra, cuesta no imaginar qué podría hacer BMW con una versión pensada específicamente para el off-road. Una configuración con rueda delantera de 21 pulgadas y trasera de 18 llamaría inmediatamente nuestra atención.

Tal vez esa moto exista solamente en nuestra imaginación por ahora. Tal vez en algún rincón de Múnich alguien ya esté ajustando un par de tornillos. Sea como sea, podemos tener paciencia. La F 450 GS ya nos había dado motivos de sobra para sonreír. Lo difícil fue devolverla.

Fotos: BTA Media - Escrito por: Mike de la Torre

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